miércoles, 29 de junio de 2011

Sara Huete

Son unos minutos antes del abandono.
Los insectos son ejemplo de este grito.
Parece que su último aleteo
resumiera una vida y la explicara.
Pasa con los libros que se acaban
o con los viejos vestidos de una madre.
En un último contacto, sea cual sea,
las bocas son peores que los ojos,
sugieren un deseo inexplicable
cuando no hay más remedio que la huida.
Entonces la invasión es a cuchillo.
Hay bocas en los cines y en las olas.
El tipo de la tele habla del tiempo
y sólo bocas predicen mi península.

martes, 14 de junio de 2011


CONJURO

No maldigas las noches de aquel mayo.
Ni te atrevas siquiera a mencionarme.
Sabes bien que el lenguaje es todo farsa
y que no hay exorcismo si no hay guerra.
Modera bien tu rabia y tu talento.
Respeta, que el amor no es otra cosa.
Y sigue conjurando mis coladas,
mis cuadros, mis gazpachos, mis verdades.
Conjura, que es lo tuyo, y luego arde:
que sé vivir sin ropa, sin comida
sin arte y sin certezas, sé quererte.

miércoles, 25 de mayo de 2011


¿Puede un aire leve derribar los tabiques de mi casa?
¿Pudrir las tuberías?
¿Levantar la cal de las paredes?

Si uno pequeños puntos arbitrarios
configuro tu sombra en el gotelé.
Grande y angular
como un dragón prehistórico.

No hay aire más caliente que este aire.
No hay noche más oscura frente al mundo.
Y grito que mi casa es un pantano,
que nace musgo frío de mis dedos.

Vuela lento el reptil. Está acechando.
Sabe bien que el fuego es imposible.

Qué dirán mis geranios,
qué dirán cuando sepan
que me he mudado al agua
que soy H2O
y no los he regado lo suficiente.

Mas no hay rescate diestro ni certero.
Sólo moscas rodean la podredumbre.

martes, 17 de mayo de 2011



LA MISMA MUJERCITA

Recuerdo la primera dentadura postiza
y el ansia racional de arrancarme la mandíbula.
Era solamente una niña exploradora
y me asustaba el acecho de la mano negra.
Había siempre un visillo blanco en las ventanas
y un olor a rosquillas santas y caramelo.
No paseaba el cochecito de mis bebés
con la inercia insultante de mis compañeras.
Tenía cuarenta años y una hija de mentira.
Desarrollé muy rápido una extraña superstición,
peor que la de abrir paraguas en interiores.
Había un presagio feo en los días de lluvia.
Sólo los que aguardan una luz de meteorito.
Los días de naranja hiriente y hombres con botas.
Todos los charcuteros cortaban huesos de jamón.
Queríamos queso de oveja y un cucurucho.
Un cucurucho-vaso para el agua. Tanta sed.
Los mercados cierran cuando las niñas deciden.
Y se escucha un chillido de cordero afónico.
Después mi carrito de la compra y yo nos vamos.

viernes, 29 de abril de 2011

RESISTENCIA

Cómo la extracción de tu recuerdo
si no alcanzo a escribir "guión" sin tilde.

miércoles, 27 de abril de 2011



El error de partida fue creer que yo podría, con mis posibles soluciones, alterar el curso de las cosas, conducir esta situación hacia una salida digna, positiva, feliz. (pág. 37)

Ocho cuentos conforman esta antología titulada Los enfermos erróneos.
Distintos personajes vagan por estas historias, como sujetos atormentados por una patología peculiar que afecta directamente a su contexto cognitivo y emocional, modificando su percepción de la realidad y propiciando la creación de un mundo paralelo.
Seres de nostalgia exacerbada despliegan un interesante discurso sustentado en los pilares básicos de la filosofía humana: la felicidad, la belleza, la identidad, las responsabilidades, la infancia, el recuerdo, la inseguridad, el autoestima, la vida y la muerte.
Si extraemos la agitación concreta que cada personaje – de manera muy diferente- aporta a este discurso, hallaremos una serie de elementos vitales y universales que condicionan la esencia del ser humano y nos asombraremos descubriendo en conductas hiperbolescas cierta sensatez coherente con el sinsentido propio de la vida.
Así, la idea de la elección, como un ejercicio que irremediablemente condena al ser que elige.

Optar por una opción, escoger un camino y no otro, desechar una posibilidad, y salir bien parado, exitoso, siempre es un acto heroico y traumático. No puede haber héroes sin sufrimiento. (pág.177)

La opción elegida, la llevada a cabo pesará tanto como la no elegida. La primera configurará nuestra vida real (la de la esfera biológica) y la segunda pesará en una vida paralela que ejemplifica perpetuamente “lo que no somos”.
De alguna manera ya cuando se crea la vida, se está creando la muerte. (pág.176)
El problema llega cuando la vida paralela pesa más que la real, convirtiéndose así en más real que la primera y ocupando su espacio. Cabría preguntarnos hasta qué punto podemos controlar el desbordamiento de las frustraciones personales, impidiendo que pese más la realidad vencida que la lograda.

La angustia, la melancolía y la ternura están presentes en estas ocho narraciones que estampan una suerte de debilidad y poesía, de valentía desamparada,  encarnada en personajes dispares que, sin embargo, coinciden en los  rasgos fundamentales de su semántica.
Entre ellos, deambula una voz común, el personaje de Gregorio Palacios, teorizador de la vida, revelador de sí mismo, ficción dentro de la ficción, como estrategia borgiana que favorece la inquietud en el lector.

De especial maestría narrativa se presenta el relato “Las niñas de la terraza”, perfecto ejercicio de digresiones temporales, de desvelos paulatinos que dejan entrever una gravedad contenida que, sin estallar, retumba. Un inevitable recuerdo al impecable fluir verbal que Juan Rulfo brindaba a sus personajes de El llano en llamas.

Definitivamente, estamos ante una obra de madurez sobrecogedora. Más que de enfermos, de sombras, de tiempo, de engaño, de sinsentido. Quizás por eso, la renuncia al lenguaje de algunos de sus personajes, el aparente agotamiento de la imaginación,  la imposibilidad de un enunciado para una referencia basada en lo subyacente.


martes, 19 de abril de 2011


Chema Madoz

Bastante:

Tenderse en un lecho

Ser de sexo flor y fruta

Descrita blanca, hetaira o serrana

Ser pureza o muerte

Permanecer